¿Por qué John William Cooke?


Habiendo dejado en claro el por qué de la necesidad de analizar y estudiar al peronismo como fenómeno social, quizás surja este otro interrogante. ¿Por qué justo Cooke, habiendo tantos compañeros emblemáticos y reivindicables en la historia de este movimiento? No responderemos a esto con un esbozo biográfico, el cual puede encontrarse en las páginas de la tercer y cuarta entrega de los cuadernillos de nuestra cátedra. La explicación se encuentra en la esencia de los aportes de Cooke a la lucha del pueblo trabajador. Aportes, por cierto, no siempre tenidos en cuenta, o siquiera conocidos. Y es que la peculiaridad de la praxis de este luchador nato, provoca incomodidad, un recelo que tiene cara de miedo… Nos van a dejar que levantemos intelectuales, líderes carismáticos parlamentaristas. Quizás hasta difundan, como nosotros, la vida y obra de importantes figuras míticas; quizás hagan loas a la Abanderada de los Humildes y alaben al encomiable Guerrillero del Amor (volviendo a su epopeya lo más homérica e inalcanzable posible). Pero no creemos que Cooke se vuelva un símbolo integrado a la mística masividad. Veamos:


“El Gordo” reunía en gran parte, todas las características de las figuras que antes nombramos, sin intención alguna de restarles valor. Tenía la agudeza de análisis de intelectuales como Jauretche o Scalabrini, contaba con una fuerte ligazón con las masas, compartía con Evita el ferviente amor por el pueblo. Con Guevara, que fue su amigo, tuvo en común incluso mucho más. Análisis históricos, la certeza de la existencia de la lucha de clases… Pero sobre todo, quién es el hombre oprimido, y cómo se libera. Y por si el descubrimiento de criterios metodológicos comunes entre estos dos personajes no fuera suficiente para inquietar a quienes anhelan próceres de bronce y no de carne y hueso, John William Cooke compartía con Ernesto Guevara, la filosofía de la praxis: El discurso sólo se valida con la acción. La práctica realiza la teoría. En palabras de la compañera del “Gordo”, Alicia Eguren: “…Porque lo del Hombre Nuevo no es una imagen en los altares, es una vivisección permanente…”

Finalmente, respondemos al interrogante inicial con la expresión de lo que nosotros creemos, es la característica más destacable de este compañero: su posición crítica ante la voz de Perón.

John William Cooke, espada del pueblo forjada al calor de las plumas de grandes maestros del pensamiento nacional, supo ver al peronismo exactamente como era, a través de la historia. En primer lugar, el movimiento de masas más grande vivido por el país, por lo cual se incorporó a sus filas, para militarlo desde adentro. Más tarde, observó que la no profundización, la no ruptura del techo natural de la Comunidad Organizada, llevaría a la violenta reacción, cosa que terminó sucediendo. Y como principal delegado de Perón durante la Resistencia Peronista, llevó con abnegación, estoicismo y superlativa destreza política las directivas que el jefe del movimiento enviaba desde el exilio. Pero supo también, hacer su propio análisis del momento político, y delimitarse con Perón; marcar sus diferencias y moverse con autonomía ante las ambigüedades y contradicciones del General.

“El Gordo” se permitió dudar, se permitió disentir, se permitió criticar. Siempre dentro del movimiento, siempre constructivamente, pero lo hizo, dejándonos una lección que hoy en día debemos aprender y difundir más que nunca; El día en que dejemos de tener filtro para analizar lo que “se baja” desde lo alto de una estructura, dejaremos de ser militantes para ser ovejas.

Esto es lo que mantiene a John William alejado de sus pares peronistas en canciones y banderas. La claridad suficiente para no confundir “organicidad y disciplina” con “sumisión y obediencia”. Por esto mismo, es que nosotros tomamos su nombre.