Cristina Fernández de Kirchner en la cumbre del G-20
Página 12
El “barba” es asediado en su despacho. No atiende. Busca el fuego y lo dirige a su mecha, fuma. Camina alrededor de su escritorio, pensante. Prosigamos ¿Hablamos desde el punto de vista de la clase trabajadora (entendida ésta como un todo social que no tiene más para ofrecer que su fuerza de trabajo) o, de la fortaleza inquebrantable de un sistema encabezado por ciento cincuenta ricos del mundo? Será una decisión arriesgada pero fundemos nuestro análisis.
El inicio del siglo XX nace inesperadamente con la primera revolución socialista del mundo. Mil novecientos diecisiete es aquél año, se materializa una alternativa concreta al capital. La Comuna de Paris emprendió los orígenes concretos de un inmediato socialismo, que luego, se consumará en la Rusia de Lenin con el partido de las mayorías como intérprete. El proletariado se educaba para su misión histórica, se presentaba ante el mundo como la clase emancipadora. El espectáculo fue dentro de una lucha entre imperialismos concretándose la primera Guerra Mundial. Fue la primera declaración real, contradicción atroz, asesina y enferma, del capital en su fase superior. Sin embargo, el bolchevismo no estuvo en los planes del sistema. A su vez, había que imponer una hegemonía mundial, militar y económica sobre los mercados y el reparto del mundo. Todo entre los años 1914 a 1918. Los viejos sistemas coloniales –el Imperio Británico y la libre esterlina- obstaculizaban el crecimiento de los nuevos capitalismos en pugna: Alemania y los Estados Unidos, salen a la cancha a mostrar sus concentraciones monopólicas, necesidades de mercados y fuentes de materias primas. Sin embargo, recién a partir de 1945, el capital pudo imponer un policía del mundo, condecorando al gobierno de los Estados Unidos como su primera potencia.
Si bien, desde el punto de vista militar, en la primera guerra mundial hubieron vencedores (punto central en el Tratado de Versalles) y en la Segunda gran guerra se derrotaron expresiones del capitalismo, tan nefastas y enfermizas como el Fascismo o el propio régimen Nazi (ambos, con gran apoyo de sus pue-
blos), fue en aquél período histórico -de 1914 a 1945- donde se resuelve la crisis de hegemonía que presentamos. El imperialismo sin la guerra no pudo haber existido, pero también, no habría podido desarrollarse. En el medio, el aprieto de Wall Street ¡Crack!: el aparato productivo se detiene. Se hunde el librecambio, la división internacional del trabajo y el patrón oro. La crisis de la Bolsa demostró lo siguiente: el eje de la economía mundial se desplazaba, lentamente, del libre juego del mercado hacia el predominio de los grandes monopolios que controlaban las ramas estratégicas de la producción mundial. Una especie de “socialización en pocas manos” de los sectores centrales de la economía internacional. Como consecuencia, aumentaron rápidamente su capacidad productiva, pero a su vez, ampliaron enormemente la distancia entre la oferta del capital y la capacidad adquisitiva de los pueblos.
La magnitud de esta crisis, por su extensión, cantidad de ramas afectadas y prolongación en el tiempo, obligaron al capital a implementar un nuevo sello en sus políticas: la importancia al mercado interno, el gasto público. Entiéndase para que no peligrasen sus ganancias. Léase para evitar el peligro social. Tanto en su versión “democrática” en USA, como bajo su forma fascista en Alemania, esas fueron las políticas que el sistema utilizó para salvarse de la crisis del 30. Es decir, la carrera militarista solucionó la depresión más importante del capitalismo en el correr de su historia. Entonces, los Estados Unidos lograron reactivar su economía bajo una nueva forma: presentando “una Crisis de Etapa" en su claroscuro apareció una nueva doctrina a cargo del inglés John Maynard Keynes.
Durante los siguientes cuarenta y cinco años de historia -1930 a 1975- una nueva forma de intervención del Estado se practica en el mundo. Digo nueva, aclarando que el Estado como tal, nunca dejó de intervenir en la economía, siempre optó por la fracción de la burguesía a cargo, momentáneamente, del poder político. La Edad de Oro del capitalismo comienza. El patrón Oro se restablece. Por el mundo, se resuelve la necesidad de jerarquizar responsabilidades en la división internacional del trabajo. De encabezar la batalla, tal vez, ante una alternativa existente al sistema de la propiedad privada de los medios de producción: damos inicio a la Guerra Fría.
¿Cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia? ¡No! Las guerras mundiales significaron una enorme destrucción de fuerzas productivas, tanto en vidas humanas como en trabajo y capital acumulado: condición perfecta, para un largo recorrido, extenso, triunfante, ciclo de expansión y crecimiento, del capitalismo hegemónico a escala mundial, y su embestida monstruosa a comienzos de la década de los 70.
De 1914 a 1975 situamos nuestro análisis. Tiempo después:
“Están cayendo los liderazgos. Y si esto sigue, se van a empezar a cuestionar los fundamentos de la democracia, porque cuando la gente ve que la democracia no le da posibilidades de trabajo, de progreso, de tener una casa, salud, comienza a cuestionar los fundamentos del sistema político. Ustedes piensen no en términos de dos o tres años, piensen en términos de evolución histórica, qué ha pasado cada vez que el pueblo no ha podido comer, y lo digo acá en Francia, cuna de la revolución, cambian los sistemas. No estoy anunciando que cambie ningún sistema, por favor. Simplemente estoy viendo con perspectiva histórica y mirando con perspectiva de liderazgo histórico, y digo que es necesario hacer un cambio en serio.”
La magnitud de esta crisis, por su extensión, cantidad de ramas afectadas y prolongación en el tiempo, obligaron al capital a implementar un nuevo sello en sus políticas: la importancia al mercado interno, el gasto público. Entiéndase para que no peligrasen sus ganancias. Léase para evitar el peligro social. Tanto en su versión “democrática” en USA, como bajo su forma fascista en Alemania, esas fueron las políticas que el sistema utilizó para salvarse de la crisis del 30. Es decir, la carrera militarista solucionó la depresión más importante del capitalismo en el correr de su historia. Entonces, los Estados Unidos lograron reactivar su economía bajo una nueva forma: presentando “una Crisis de Etapa" en su claroscuro apareció una nueva doctrina a cargo del inglés John Maynard Keynes. Durante los siguientes cuarenta y cinco años de historia -1930 a 1975- una nueva forma de intervención del Estado se practica en el mundo. Digo nueva, aclarando que el Estado como tal, nunca dejó de intervenir en la economía, siempre optó por la fracción de la burguesía a cargo, momentáneamente, del poder político. La Edad de Oro del capitalismo comienza. El patrón Oro se restablece. Por el mundo, se resuelve la necesidad de jerarquizar responsabilidades en la división internacional del trabajo. De encabezar la batalla, tal vez, ante una alternativa existente al sistema de la propiedad privada de los medios de producción: damos inicio a la Guerra Fría.
De 1914 a 1975 situamos nuestro análisis. Tiempo después:
“Están cayendo los liderazgos. Y si esto sigue, se van a empezar a cuestionar los fundamentos de la democracia, porque cuando la gente ve que la democracia no le da posibilidades de trabajo, de progreso, de tener una casa, salud, comienza a cuestionar los fundamentos del sistema político. Ustedes piensen no en términos de dos o tres años, piensen en términos de evolución histórica, qué ha pasado cada vez que el pueblo no ha podido comer, y lo digo acá en Francia, cuna de la revolución, cambian los sistemas. No estoy anunciando que cambie ningún sistema, por favor. Simplemente estoy viendo con perspectiva histórica y mirando con perspectiva de liderazgo histórico, y digo que es necesario hacer un cambio en serio.”
Cristina Fernández de Kirchner en la cumbre del G-20
Página 12
4 de noviembre de 2011



