Entendiendo que hay hechos, acontecimientos, períodos históricos que signan identidades nacionales, el 17 de octubre de 1945 expresa su consecuencia con la historia: nace el peronismo.
Juan Domingo Perón, hombre del pensamiento nacional argentino, partícipe del primer golpe de Estado en la historia del país y figura de importancia protagónica aquel diecisiete del mes de octubre del 45’, aparece en escena en un contexto muy particular de la vida política. Fue la figura, que durante tres décadas de historia, irrumpió de lleno en la política nacional.
El 4 de junio de 1943, se consuma el segundo golpe de estado en el país. Un grupo de oficiales unidos (GOU), más bien una logia del Ejército, subleva a todas las unidades para ponerle fin a la bien llamada Década Infame. Perón y aliados, lo capitaneaban. El presidente Ramón S. Castillo es...
derrocado y Rawson asume la presidencia, pero éste al romper con la neutralidad en plena Segunda Guerra Mundial -tradición de la política nacional ante conflictos bélicos de escala internacional-, dura solo tres días en su cargo. Edelmiro Farell lo reemplaza. Mientras tanto, Juan Domingo Perón, es designado titular de la secretaría de Trabajo y Previsión, espacio estratégicamente prioritario para los planes del general para con la clase trabajadora. Comienzan allí, a tejerse los lazos con el pueblo del “17 de octubre”.
derrocado y Rawson asume la presidencia, pero éste al romper con la neutralidad en plena Segunda Guerra Mundial -tradición de la política nacional ante conflictos bélicos de escala internacional-, dura solo tres días en su cargo. Edelmiro Farell lo reemplaza. Mientras tanto, Juan Domingo Perón, es designado titular de la secretaría de Trabajo y Previsión, espacio estratégicamente prioritario para los planes del general para con la clase trabajadora. Comienzan allí, a tejerse los lazos con el pueblo del “17 de octubre”.
A través de esta secretaría, Perón se había ganado la lealtad de los obreros. Importantes medidas como los aumentos de sueldos, protección social en salud y educación, aguinaldos y para muchos las primeras vacaciones que conocían en sus vidas, fueron las medidas llevadas a la realidad. Por primera vez en la historia, los trabajadores veían sus intereses en un proyecto político, los veían en la situación concreta, real. Si hoy decimos que Perón signó la historia Argentina, es porque las masas lo asimilaron propio, como su líder, y la originaria prueba de aquello fue el contundente 17 de octubre.
El proyecto de Perón, era llevar a cabo lo que en su libro tituló “La Comunidad Organizada”. Consistió, en un frente poli-clasista dentro de un objetivo común que a priori, fue el desarrollo de una Argentina independiente: todo ello sin romper con el capitalismo. Se conciliaban clases antagónicas en pos del desarrollo nacional. Sin embargo, el pueblo trabajador no observada aquello en esos tiempos. Solo veían que sus reivindicaciones se concretaban, que tenían trabajo y comida para sus familias, tenían vacaciones, podían alquilar un techo para vivir: todo aquello gestó, el lazo inquebrantable de Perón con los trabajadores y de Argentina con el peronismo.
En el sindicalismo, los referentes desanimados por las propuestas de los Partidos Comunista (que hablaban en ruso) y Socialista (de tradición conservadora) se aproximaron a las soluciones reivindicativas que ofrecía la Secretaría de Trabajo y Previsión con el general Perón al frente. Pero para las alas conservadoras del Ejército, ¡aquello era Comunismo! El 8 de octubre del 45’, el gral. Avalos pide a Farell que destituyese a Perón.
Señalado como la eminencia gris del Gobierno, Perón fue detenido y llevado a la Isla Martín García (al igual como a Yrigoyen, al ser derrocado el 6 de septiembre de 1930 en el primer golpe de Estado en nuestra historia) el 11 de octubre. El pueblo se perfila, comienza a germinar la semilla. Los obreros reaccionan.
El descontento popular por la ausencia de Perón crece día a día y comienza a manifestarse en las calles el 15 de Octubre con huelgas generales de los ingenios azucareros y del sindicato de la carne, entre otros.
En Avellaneda, Lanús, Quilmes, Banfield, La Plata, Ensenada, San Martín, cruza el Riachuelo y se dirige a la plaza de Mayo, “el pueblo del 17 de octubre”. El 16 la protesta se masifica, y diferentes puntos de Buenos Aires se inundan de obreros camino a la casa Rosada.
El Ejército, estupefacto de la sublevación que se estaba gestando, no hizo más que traer de nuevo a Perón, ante la avanzada popular.
En palabras del General: “Nunca olvidaré aquél 17 de Octubre. Tras la ovación que siguió a mis palabras, la gente repetía con insistencia: ¿Dónde estuvo, donde estuvo?. Y acostumbrado a dialogar con el pueblo respondi: estuve en un lugar adonde volvería muchas veces con tal de ayudarles a ustedes.”
El 17 de Octubre el pueblo reclama a quien había identificado como su legítimo líder. Reclama a Perón.
"Estábamos allí- recuerda Franklin Lucero, amigo y funcionario de Perón- sus amigos de las buenas y malas horas..." "Las llamadas desde la Casa de Gobierno se sucedían. Farrell quería calmar a la muchedumbre. En determinado momento, Perón me preguntó: - ¿Hay mucha gente? Realmente, ¿hay mucha gente, che?... Nunca me había tuteado. Pero su creciente entusiasmo, se comenzaba a apreciar en su cambio físico y espiritual". Mientras, en la plaza de Mayo, el Gral. Avalos intenta infructuosamente dirigirse a los trabajadores. La respuesta de la plaza es contundente: "Queremos a Perón".
Rato después, Farrell y Perón conversan en la residencia presidencial. "Me dijo Farrell:- Bueno, Perón, ¿qué pasa?. Yo le contesté: Mi General, lo que hay que hacer es llamar a elecciones de una vez. ¿Que están esperando? Convocar a elecciones y que las fuerzas políticas se lancen a la lucha... -Esto está listo, me contestó y no va a haber problemas. -Bueno, le dije:- Entonces, me voy a mi casa.
No, déjese de joder, me dijo y me agarró de la mano: Esa gente está exacerbada , nos van a quemar la Casa de Gobierno!
Aproximadamente a las 23 horas, Farrell y Perón ingresan a la Casa Rosada. -Venga, hable, me dijo Farrell, recuerda Perón. Minutos después, el coronel ingresa al balcón y se abre ante su mirada un espectáculo majestuoso mientras una ovación atronadora saluda su presencia. En la noche de Buenos Aires, una inmensa muchedumbre, que algunos estiman en trescientos mil, otros en quinientos mil y el diario "La Epoca" en un millón de personas, vibra coreando su nombre: ¡Perón! Perón."
En palabras de Norberto Galasso: Los diarios encendidos a manera de antorchas resplandecen sobre la negrura nocturna celebrando la victoria popular. Alguien alcanza una bandera hasta el balcón: es una bandera argentina que lleva atada una camisa. El coronel la toma y la hace flamear de un lado a otro, ante la algarabía popular. ¡Ar-gen-ti-na! ¡Ar-gen-ti-na!. Farrell y Perón se abrazan, produciendo un nuevo estallido de júbilo popular. El presidente intenta vanamente dirigirse a los manifestantes, pero el impresionante griterío no se lo permite. Finalmente, pronuncia unas pocas palabras para comunicar que el gobierno no será entregado a la Corte Suprema, que ha renunciado todo el gabinete, que el coronel Mercante será designado Secretario de Trabajo y Previsión y que "otra vez está junto a ustedes el hombre que por su dedicación y empeño ha sabido ganar el corazón de todos: el Coronel Perón"
Scalabrini Ortiz nos inunda de belleza en su poema: "Los rastros de sus orígenes se traslucían en sus fisonomías. El descendiente de meridionales europeos, iba junto al rubio de trazos nórdicos y el trigueño de pelo duro en que la sangre de un indio lejano sobrevivía aún. El río cuando crece bajo el empuje del sudeste disgrega su enorme masa de agua en finos hilos fluidos que van cubriendo los bajidos y cilancos con meandros improvisados sobre la arena en una acción tan minúscula que es ridícula y desdeñable para el no avezado que ignora que es el anticipo de la inundación. Así avanzaba aquella muchedumbre en hilos de entusiasmos que arribaban por la Avenida de Mayo, por Balcarce, por la Diagonal.
"Un pujante palpitar sacudía la entraña de la ciudad. Un hálito áspero crecía en densas vaharadas, mientras las multitudes continuaban llegando. Venían de las usinas de Puerto Nuevo, de los talleres de la Chacarita y Villa Crespo, de las manufacturas de San Martín y Vicente López, de las fundiciones y acerías del Riachuelo, de las hilanderías de Barracas. Brotaban de los pantanos de Gerli y Avellaneda o descendían de las Lomas de Zamora. Hermanados en el mismo grito y en la misma fe iban el peón de campo de Cañuelas y el tornero de precisión, el fundidor mecánico de automóviles, la hilandera y el peón. Era el subsuelo de la patria sublevado. Era el cimiento básico de la Nación que asomaba, como asoman las épocas pretéritas de la tierra en la conmoción del terremoto. Era el substrato de nueva idiosincrasia y de nuestras posibilidades colectivas allí presente en su primordialidad sin reatos y sin disimulos. Era el de nadie y el sin nada en una multiplicidad casi infinita de gamas y matices humanos, aglutinados por el mismo estremecimiento y el mismo impulso, sostenidos por una misma verdad que una sola palabra traducía: Perón." (En Hechos e Ideas, febrero 1946.)














